Kilómetros de autos detenidos, extensas esperas bajo condiciones extremas y una paciencia que se agota: así transcurre el día a día en el Paso Cardenal Samoré, el segundo más transitado del país. Este cruce fronterizo, vital para turistas, transportistas y emergencias, enfrenta problemas de ineficiencia que han transformado un trayecto simple en una verdadera odisea.
El secretario de Turismo de Bariloche, Sergio Herrero, fue categórico al señalar las fallas del sistema: “Necesitamos que el paso funcione, al menos, hasta las 4 de la mañana. Esto no solo afecta al turismo, sino también a la salud y las emergencias”. Sin embargo, pese a años de reuniones, gestiones y promesas de ampliación horaria, los problemas persisten sin respuestas concretas.
Infraestructura insuficiente y servicios colapsados El estado de las instalaciones refleja el abandono: cortes de energía que interrumpen las operaciones, baños desbordados y un servicio que no responde a la creciente demanda. Este cruce, clave para la región, opera muy por debajo de los estándares necesarios para su nivel de tráfico.
El impacto en los usuarios Las consecuencias son evidentes: cientos de viajeros enfrentan horas de espera diariamente. Familias, camioneros y turistas deben llegar de madrugada o incluso pernoctar en sus vehículos para asegurarse un lugar en la fila. La frustración e indignación son comunes, ya que no se trata solo de incomodidades, sino de un sistema que afecta la economía regional y la vida cotidiana.
Un llamado urgente a soluciones El Paso Cardenal Samoré, en su estado actual, no está preparado para manejar la demanda que recibe. Las demoras y la falta de planificación generan pérdidas de tiempo, recursos y en algunos casos, afectan la salud de los usuarios.
Las autoridades deben actuar de manera inmediata. Un cruce fronterizo de esta importancia no puede continuar siendo un cuello de botella. Es momento de convertir las promesas en acciones concretas para garantizar un servicio acorde a las necesidades de la región.